Churchgate Railway Station


Hoy presentamos esta colaboración entre dos escritores: J. re crivello y Alejandro Cano. “Churchgate Railway Station” es publicada en mi blog y “Donde todo es posible” en el blog de J re, ambas referidas a las estaciones de tren y que surgió en un tradicional intercambio en la red de redes, Facebook:

“Las estaciones de trenes tienen su encanto, sus dramas e inspiración. Siempre me gustó seguirles el pulso, entre otras: la Estación Termini de Roma que era, en su momento, refugio de chaperos y gente amante del sexo; la de Bulgaria —bajo el comunismo— con dos lamparillas y comercio de contrabando. Y tantas otras…  ¿Te atreves a que escribamos alguna cosilla sobre estaciones de trenes? Gallos, muchos gallos, se esconden allí y hasta — gallas—.” Un abrazo,  j re

 

“Me has abierto el apetito, Juan. Por supuesto que me atrevo a que escribamos —alguna cosilla o cuanto te venga en gana— sobre las estaciones de trenes, donde todo es posible, desde gallos y gallas hasta lo que quieras. Las estaciones de trenes tienen aún *su encanto, sus dramas, su inspiración* [sic], aunque lo tenían más antes porque las espectaculares terminales aéreas de hoy les están quitando el protagonismo”.  Alejandro Cano Rubio

colaboración

Imagen: Max Alvarez

El infierno indio no es parecido al de la esquina de casa. Las maletas de los que se van son escasas y sus abrigos raídos están a la espera de encontrar otro asentamiento. A veces cuando me asomo a la ventana aún veo un mísero taxi discutir sobre el precio del trayecto. Las grandes urbes del perdido Tercer Mundo están abarrotadas de escenas del final de la vida, pero sus habitantes se empeñan en seguir participando de esa extraña literatura. Me refiero a un macuto estrecho y unos favores sexuales entre dos. De ellos, al escapar una lagrimita se supone que los hijos futuros serán un espacio de aquel abigarrado estilo. Mugre, sed de cariño, un chusco de alimento.

La cara de los pequeños se acerca al cristal de la Gran Estación. Ella les provee de brazos, de sueños. Podemos escoger, el de un ahijado del Mandarín caído en desgracia, que viene a ver a su tío que posee una fortuna, pero le dejará en una pocilga del extrarradio por no recordar afectos ni vergüenza.

En la esquina está la cópula nocturna y hasta el kiosco de baratijas para el transeúnte. Solo en la noche descansa el monstruo. El ruido de los trenes se calma. Los rateros que medran se van más allá de los 40 kilómetros. Nada queda alrededor. Todo se muere. Hasta los santones que daban fe de la salvación duermen, olvidados de su papel de servicio a su ego y a su Dios. Es en ese momento cuando bajo hasta el epicentro descrito. Detrás dejo un cuarto roto, donde caben mi máquina de escribir, la maleta, un libro de mujeres desnudas y chocolates de la marca Toblerone.  Y un cepillo para usar de peine y otro para los dientes, dentro de una cajita de plata con dibujos orientales con mis pastillas para la epilepsia en su interior. Digo… bajo hasta allí y recorro las cuatro calles, la gente está dormida o ida. Solo queda abierto un bar, el Churchgate Railway Station.

Le atiende un sij, alto, recio y de mirada alimentada de gas marrón. Este tipo me sirve en una mesa —desde donde veo la entrada de la estación— dos salchichas y una ensalada, un poco de pan y una Cola del país. Acostumbro a comer una vez al día. Como desearía amar y tener sexo una vez también. Pero las mujeres no aguantan mi soledad, ni mi hastío, ni mis ganas de desgarrar el momento en que ella se monta o yo me dedico a pasar la lengua en la piel a préstamo. Por ello pago a una prostituta. Me baila una danza del vientre inventada y fea. Me ceba su libido sin ganas y se va. El sij me ha retirado el plato. Sabe que quiero un güisqui y un cigarro. Luego le pagaré. Al salir, me detendré a mirar cómo la gran burbuja que sale de la manguera se lleva la porquería que rodea la calle de la entrada. La piedra brillará en gris o negro. Y yo brillaré de manganeso y sal. De lo que contaré los días hasta acabar con tanta angustia, pesada, plomiza y tal vez prestada de este viaje a través de la India.

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