El otro lado del escritor


Te has planteado escribir un libro y, por supuesto, lo primero que quieres hacer es saber por dónde vas a empezar. Te han llegado informaciones de todo tipo que tendrías que filtrar. Nadie que haya triunfado previamente desvelará sus fuentes a no ser que, a modo de contrapartida, te lo deje conocer previo su correspondiente pago, y enseguida se te van a cruzar los cables. Hoy tú estás donde estás por las decisiones que asumiste ayer. Mañana será el producto de tus decisiones de hoy. En consecuencia, solo si decides distinto que ayer podrás mañana estar en un mejor lugar que el de hoy.

escribir un libro

Imagen: geishaboy500

¿Qué has aprendido o qué puedes aprender?

¿Qué vas a hacer diferente? Tienes básicamente cuatro alternativas: hacer más de lo que te funcionó antes, hacer menos de lo que es intrascendente, comenzar algo nuevo, o dejar de hacer lo que venías haciendo. Desde luego entre los recursos disponibles para escribir un libro has de memorizar los objetivos, las tareas que llevarás a cabo y las rutinas. Puestos a enumerar tus propósitos, que yo sepa por ser muy particulares, te ceñirás a que sean concretos, realistas y que dependan solo de ti. La capacidad de constatar otras particularidades, sobran. Hacer otras cábalas y emborracharse de otras teorías que no sean solo las de escribir se convertirán en una neurosis obsesiva y perderás el norte de lo que interesa, de descubrir qué es lo que en verdad te importa.

¿De qué pasta ha de estar hecho uno para querer escribir un libro? Ni lo sé ni ahora me corre prisa por saberlo. Para empezar, se ha de soltar lastre y ser sinceros, no seguir los modelos que te vendan como las claves a tus interrogantes y te certifiquen casi el sello de los triunfadores. Las tareas y las rutinas de los demás quizá sean buenas para otros ¿Quién te garantiza que te beneficiarán? No mezcles los éxitos de otros con los resultados que alcances tú. Tener éxito no es un objetivo ni depende de ti. No te esfuerces en darlo a conocer antes de publicarlo. Has de rechazar asimismo entre tus propósitos acudir a cualquier tutorial que recomiende lo que han hecho otros. Por ejemplo, metodologías al uso como escribir 600 palabras cada día, articulación de los capítulos, documentar los textos, preparar las listas selectivas que has de mandar a editoriales, o a las responsables de los blogs que puedan hacer un hueco y darte a conocer, etcétera. No te hagas listas de nada. Las listas son odiosas. Olvídate de ellas. ¿Para qué sirven? Para perder el tiempo. Hacer  listas —para ordenar los fines y las prioridades de cada uno— tampoco te llevarán a parte alguna. Ni las listas intrascendentes, como las de los catálogos de libros publicados con éxito y con títulos muy publicitarios, ni las listas privadas —íntimas— con las direcciones de los correos electrónicos de tus posibles lectores o incluso las secretas con los detalles y el desglose del esquema posible de una futura saga de libros, van a solucionar nada. Confeccionar directorios es generar frustraciones. Hacer listas de listas no es escribir.

¿Qué resuelves hacer a partir de ahora?

Si te ves capaz de planificar cómo escribir un libro, no quiere decir que puedas ejecutarlo. Pero si te apetece acudir a un agente literario para que te ayude, eres libre de hacerlo. No faltaba más. Si uno es inteligente, mal no le hará. Si estás inmerso ya en la escritura de tu novela, qué necesidad tienes de que alguien afirme que te hará aflorar todo tu potencial y superar tus barreras y limitaciones. Te dorarán la píldora con promesas de que optimizarán tu tiempo mejor. Se atreverán incluso a enfatizar que potenciarán tus textos, que bucearán en tus valores y personalidad para sacarlos a flote. Te salvarán, en caso de necesidad, de los bloqueos que te puedan sobrevenir. Te meterán en la cabeza una terminología propia de ejecutivos como la de incrementar la concentración y la necesidad de alumbrar un libro tras otro, que llamarán productividad. ¿Quién decide lo que has de escribir y cómo? ¿Otros? Nadie te garantizará si vas a gustar o no. Sé tú mismo. Si eres escritor te has de concentrar solo en escribir. Tu instinto y afán perfeccionista te llevarán a escribir y a corregir, a releer lo que has escrito y a corregir más, pero nunca a un ciclo de eterna corrección. Prueba tú mismo, deja las palabras en flotación y enseguida tendrás la historia que quieres contar, una primera relación de los personajes que la van a poblar, te sentirás una persona viva. Jamás te sientas desinflado. Los principios no se parecen nunca a los finales y tus obsesiones no serán otras que echarte a andar. Para empezar nunca es tarde.

¿Cuáles son las razones perfectamente válidas para escribir un libro? A nadie se le ocurre preguntar a otro escritor qué tuvo que hacer para enfrascarse en esa idea. Son miles los que lo consiguieron sin pasar por tantísimos preámbulos, requisitos, protocolos, y sin aterrizar en internet para recolectar cuanto se ha escrito en manuales o en blogs acerca de cómo ser escritor y no morir en el intento. Nunca sin embargo se me había ocurrido que había escritores que sí han acudido a manuales e incluso han escrito sobre el tema y lo han publicado. La idea de que hay un gran mercado, en el que algunos libros reinciden, es cierto. Pero que los escritores vocacionales los consulten, nunca lo imaginé.

Son muchísimos los escritores actuales que se han hecho a sí mismos —de diferentes maneras— y que no han dispuesto de más representante o agente literario —nunca coach— que su afán y vocación. Y lo lograron. Muchos de ellos con un gran éxito. Tienes la oportunidad de consultar con tus colegas y amigos. A pocos les pasó por la cabeza que franquear tantas fronteras fueran necesarias para tan corto viaje, cuando lo que interesa es solo la escritura misma. Y no mencionemos a nuestros escritores clásicos. De ellos disponemos de libros memorables y perfectamente identificables que, pese al tiempo transcurrido, aún podemos —y lo hacemos— disfrutar con su lectura. ¿Cuántos de ellos se sometieron a cursos de aprendizajes previos para escribir? Ni los había ni los necesitaron. Pasaron sus exámenes con excelentes notas porque antes leyeron mucho. Y porque se sometieron a que otros leyeran sus manuscritos originales —o galeradas— antes de que entraran en máquinas para su impresión. Cuanto más se lee, mejor se escribe. Ese será —quizá— el mejor consejo.

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Acerca de Alejandro Cano

Me gusta el pensamiento conceptual. Filósofo y escritor. Novelista, ensayista, traductor y poeta.
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