Los sueños, sueños son


Me acaban de llamar desde Nueva York. Son las trece horas en mi reloj. Tengo un segundo mensaje urgente. Mi amiga ya no está en casa y va camino como cada día a la Grand Central Station, al centro de Manhattan, entre la calle 42 y Park Avenue. Nunca hablamos a estas horas tan tempranas para ella —y me sorprende—, pero ha optado por dejarme un recado en forma de epístola que, con su permiso, transcribo.

Sueños

Imagen: photosteve101

Sin saber por qué e inesperadamente anoche soñé con el sueño de mis sueños. Por fin había alcanzado la gloria, ser una escritora que estaba en boca de todos. Se me habían terminado los tiempos de ir de editorial en editorial con un original bajo el brazo. Ya podría sacar de Amazon mis libros publicados —pero apenas vendidos—, unos bajo seudónimo y otro con mi nombre de pila. No volvería a recomendar más que leyerais mis libros ni a insertar machaconamente más veces más post ni en Facebook ni en Twitter. Se acabaron los tiempos de los fantasmas. Buscar algo sin saber qué es. A un nivel u otro, todos nos podemos identificar con eso. Pero yo lo había superado.

¡Quién me iba a decir que, de un día para otro, me había convertido en una escritora best seller! Se hablaba de mi libro en los términos más elogiosos. Me veía aplaudida en una sala de prensa abarrotada de público, con numerosos críticos literarios, corresponsales y fotógrafos. Me asediaban los representantes de las mejores editoriales y distribuidoras, amén de asesores y abogados expertos para seleccionar y optimizar los principales contratos para su publicación y traducción a los idiomas más importantes.

Nunca había sentido una sensación de bienestar y tranquilidad iguales. Lo vivía dentro del mismo sueño como si fuese un sueño. Me preguntaba si, en verdad, no era una ficción porque solo quería que pasaran las primeras veinticuatro horas para despertar a los halagos y pulsar la realidad. Te busqué entre los invitados pero no estabas y los que quedaban fueron desapareciendo sin saber por qué. Con esa sensación de frustración me desperté. Huyeron de repente los fantasmas.
Me intranquilicé y me asombré al comprobar que lo que había idealizado no aparecía en el pentagrama diario y rompía la doctrina conocida por todos y que relacionamos con lo que es un sueño. En mi caso se trataba de un sueño que actuó en sentido inverso a la realidad. Se escribe para que te lean pero apenas tienes lectores. Lo hemos hablado reiteradamente. Sin embargo, no es el momento ahora de dejarte escrito más detalles ni es hora de deslindar si fue el inconsciente o el consciente o si fueron los dos los causantes de mi sueño. Ni voy a someterme a psicoanálisis alguno ni te voy a pedir —al menos con esta misiva— para que me ayudes a interpretarlo.

Todo lo que te expongo me afloró a borbotones. Ni sé si era el sueño que me faltaba revivir para que se quedase en mi vida, ni alcanzo a vislumbrar si ahora que voy a salir de casa, cuando esté mezclada entre la muchedumbre de la Grand Central Station, los sueños de mi sueño —ya más despierta— emergerán de nuevo o ya se habrán ido para siempre y se encargarán de ponerme frente o al lado de los andenes como una más, perdida entre tanta gente que ni conoces ni te conocen.
Un beso para el amigo siempre distante pero nunca olvidado.

 

Los sueños y pesadillas de mi amiga escritora se parecen a los fantasmas y temores de otros escritores. Le he contestado —vía WhatsApp— que sus deseos oníricos —estos, o así lo parecen— son muy difíciles de averiguar, pero que el averiguador que lo averigüe no será este escritor. Los sueños como los de mi amiga no los quiero aun a un precio accesible. Solo puedo decir en su defensa que me los creo, pero que es luchar contra lo que el tiempo y la realidad nos impone. Ella soñó y perdió y con ella yo también he perdido. El recuerdo de los sueños son formas de refugiarse en algo que no se tiene y que —casi seguro— no se tendrá. De ilusión también se vive. Yo también voy a largarme de casa, a las catorce horas, no a patear calles de Barcelona, sin rumbo fijo, sino para tomarme un buen café cargado y para quitarme de la cabeza el sueño de mi amiga que, no por ser un sueño compartido, no voy a dejar de reconocer que, en Nueva York o en Barcelona, los sueños, sueños son.

Compartir

Acerca de Alejandro Cano

Me gusta el pensamiento conceptual. Filósofo y escritor. Novelista, ensayista, traductor y poeta. Este blog es una plataforma de intercambio de conocimientos, tus comentarios son importantes para ayudarlo a crecer y mejorar.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.